
Miguel Ángel Lucumí, deportista de voleibol colombiano
Miguel Ángel Lucumí: No hay es
sábado, 07 de diciembre de 2024
Prensa Mindeporte
Desde el Coliseo de la Universidad Industrial de Santander, en medio de una atmósfera cargada de emociones y orgullo patrio, resalta una figura inesperada: Miguel Ángel Lucumí. A sus escasos 12 años, el más bajito de sus compañeros, ha demostrado que no hace falta una estatura imponente para brillar en un deporte como el voleibol. Su sonrisa alegre y su actitud positiva iluminan cada rincón, recordándonos que los sueños no tienen tamaño, solo determinación.
Miguel Ángel nació en 2012 en el Valle del Cauca y, a pesar de su corta edad, se ha convertido en una figura destacada de la selección colombiana de voleibol masculina en los Sudamericanos Bucaramanga 2024. El camino para llegar hasta aquí no ha sido fácil, pero él lo con humildad y gratitud: "Primero es formar un equipo preciso, porque sin un equipo bien organizado no se puede hacer nada. Necesitamos la base para llegar, y llegamos acá con la esperanza de ganar".
Hablar con Miguel es adentrarse en un torbellino de emociones genuinas. Cuando se consolidó como parte de la selección colombiana, experimentó una mezcla indescriptible de alegría, nostalgia y orgullo: "Es un sentimiento raro porque se siente alegría, tristeza, ganas de llorar... es algo que no puedo explicar".
Al llegar a Bucaramanga, fue recibido cálidamente por sus compañeros. Aunque es nuevo en estos escenarios y confiesa que no suele viajar mucho fuera de su región, su carisma y pasión lo han convertido rápidamente en un integrante fundamental del equipo. Miguel comparte que, aunque normalmente compite en una categoría distinta debido a su año de nacimiento, siempre ha contado con el respaldo incondicional de sus compañeros en el Valle. "Me dicen que soy capaz, que puedo y que siempre voy a lograr mis sueños".
En el campo, Miguel Ángel no solo juega; inspira. Su historia es la de un niño que, con su corazón inmenso, demuestra que no importa ser "el más bajito" cuando se tiene un espíritu gigante. En cada saque, en cada salto, en cada punto ganado, lleva consigo el peso de sus sueños, los anhelos de su equipo y la esperanza de un país que lo ve con admiración.
Hoy, Miguel Ángel Lucumí es más que un jugador de voleibol: es un símbolo de que los límites solo existen si uno los impone. Su paso por estos Sudamericanos no es solo una promesa de un futuro brillante, sino un recordatorio de que el esfuerzo, la fe en uno mismo y el trabajo en equipo pueden llevarnos a alcanzar metas y sueños, que ni la estatura puede limitar.
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