Foto: Manuel Santiago García durante una de las pruebas de judo visual en los I Juegos Nacionales Juveniles.
Manuel Santiago García, un jud
sábado, 23 de noviembre de 2024
El atleta representante de Antioquia en los I Juegos Nacionales Juveniles ganó dos medallas de bronce, en la prueba de hasta 73kg y Abierta.
Prensa Mindeporte
Pereira, 23 de noviembre de 2024. Cuando Manuel Santiago García se sube en el tatami sus sentidos se agudizan. El ruido de la multitud se convierte en un eco lejano, mientras su atención se concentra en las vibraciones del suelo bajo sus pies. Con la simple acción de darle la mano a su rival ya se hace una imagen de su contextura física. Es un instante cargado de información: el peso del agarre, la firmeza de los dedos, la tensión en el brazo. Todo le habla de las intenciones de su oponente y le permite anticipar el primer movimiento. Cada contacto es un código que descifra con precisión, cada detalle una pista para construir su estrategia.
Cada movimiento, cada respiración, cada cambio de postura se transforma en una señal que su cuerpo interpreta con precisión casi instintiva. Siente el flujo del combate como si fuese una corriente que lo guía, donde la técnica y la intuición se entrelazan. En medio de la competencia, su audición se afina, captando cada palabra de su entrenador, cada consejo y cada advertencia, pero también las instrucciones que recibe su oponente. Es una herramienta invaluable: analizar lo que le dicen al rival para detectar fallas, anticipar ataques y ajustar su estrategia al instante. Es la utilización de los sentidos en su máxima expresión, una danza de percepciones que le permite mantenerse un paso adelante.
El tatami es su escenario, y allí prevalece el lenguaje del cuerpo y la mente en sincronía. En cada intercambio encuentra una oportunidad para adaptarse, para sorprender, para mostrar que percibe el mundo con una intensidad que va más allá de lo visible, recordándole a todos que la verdadera fuerza radica en la capacidad de superar los límites, de potenciar el cuerpo para que fluir con los sentidos, la mente y el espíritu.
Eso fue algo que aprendió desde que comenzó a entrenar judo a finales de 2020, en medio de la pandemia, en Medellín. Este deporte apareció para abrirle caminos. Siempre pensó que por ser ciego no podría practicar alguna disciplina, que las opciones serían limitadas y que su condición sería una barrera insuperable. Sin embargo, el judo llegó como una revelación, demostrando que la fuerza, la técnica y la estrategia no dependen de lo que se ve, sino de lo que se siente.
Sus entrenamientos empezaron de manera virtual. "Es algo difícil de entender, pero logramos con el entrenador crear un estilo para que me pudiera guiar en esas clases. Solo hasta seis meses después puede ir a un entrenamiento presencial", dice con una sonrisa amplia. Ahí dio sus primeros pasos, fue el comienzo de una carrera que lo llevó a representar a Colombia en los Juegos Parapanamericanos Juveniles y empezar a soñar en convertirse en un atleta referente en un deporte que de a poco va tomando fuerza en el país.
Con cada entrenamiento, Manuel descubrió que su cuerpo podía adaptarse y que sus sentidos eran aliados poderosos en el tatami. Aprendió a confiar en las señales táctiles, a interpretar el equilibrio y la energía de su oponente, y a utilizar su audición y su intuición como herramientas clave. Lo que comenzó como una actividad desconocida se transformó en su pasión, en una puerta hacia un mundo donde la limitación se convirtió en motivación.
Hoy, Manuel no solo entrena para competir, sino para inspirar. Cada vez que se sube al tatami para representar a Antioquia o a Colombia, sabe que su esfuerzo trasciende el ámbito deportivo: es un mensaje de esperanza, un ejemplo de cómo enfrentar la adversidad y convertirla en una oportunidad para alcanzar la grandeza. Sus sueños ahora no tienen límites, como tampoco los tiene su determinación.
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